La sentencia del Pleno
de la Sala de lo Social del Tribunal Supremo de 19 de octubre de 2022, nº
841/2022, rec. 2206/2021, establece que el despido acordado sin causa válida durante
la pandemia no debe calificarse como nulo, sino como improcedente, salvo que
exista algún dato específico que así lo justifique -vulneración de un derecho
fundamental, elusión de las normas procedimentales sobre despido colectivo,
concurrencia de una circunstancia subjetiva generadora de especial tutela-.
Resulta necesaria la
previa indicación legal de que el despido es nulo para que proceda esa
calificación, sin que sea posible reconducir a tal categoría los identificados
como fraudulentos, por desconocimiento de la “prohibición de despedir” durante
la pandemia, salvo indicación legal al efecto.
El Tribunal Supremo
resuelve por fin la cuestión de si un despido objetivo amparado en causas
relacionadas con la pandemia y el estado de alarma debe ser declarado nulo o
improcedente. La respuesta ha sido que el despido debe ser declarado
improcedente, por tratarse de un despido sin causa, conforme a la normativa
vigente y a la consolidada jurisprudencia del Tribunal Supremo en materia de
despido.
Se trata de una empresa
que en fecha 15 de mayo de 2020 comunicó a un trabajador su despido objetivo
motivado por las consecuencias de la pandemia y las restricciones aplicadas por
la declaración del estado de alarma. En el momento del despido se encontraba
vigente el Real Decreto-ley 9/2020, que en su artículo 2 establecía que las
causas de fuerza mayor o las económicas, técnicas, organizativas o de producción
que pudieran justificar un ERTE Covid no se podrán entender como justificativas
de la extinción del contrato de trabajo ni del despido.
Como se aprecia,
ninguna prohibición de despedir contiene dicho artículo, ahora bien, tampoco
regula qué consecuencia tiene el despido amparado en dichas causas.
El fin del art. 2 del Real
Decreto-ley 9/2020, es que despidos que, sin la normativa excepcional aprobada
a raíz de la pandemia, estarían objetivamente justificados, dejen de estarlo.
Lo que se contempla en la regulación es el tratamiento de despidos
potencialmente justificados, que, por decisión del legislador, en la situación
excepcional derivada de la pandemia, dejan de estarlo. Pero nada innova la
norma en cuanto a la figura, y al tratamiento, de los despidos injustificados o
improcedentes.
A) Antecedentes y
términos del debate casacional.
Se debate cómo debe
calificarse un despido por causas objetivas con fundamento en las
circunstancias excepcionales derivadas de la COVID 19 y la declaración del
estado de alarma. En concreto, la duda surge por las consecuencias derivadas
del desconocimiento de la norma plasmada en el artículo 2º del RDL 9/2020.
1º) Hechos y datos
relevantes.
Más arriba han quedado
reproducidos los hechos que la sentencia de instancia considera acreditados,
parcialmente alterados en suplicación. Del resultado interesa destacar solo un
par de aspectos.
A) El demandante venía
prestando servicios mediante un contrato de trabajo en prácticas con una
duración máxima hasta el 31 de enero de 2021.
B) El 15 de mayo de
2020 la empresa le notificó su despido por causas organizativas y la
consiguiente finalización anticipada del contrato de trabajo, aduciendo la
reducción de actividad en la cooperativa debido a la paralización de los
proyectos que tenía asignados y la falta de trabajo.
2º) Sentencias dictadas
en el procedimiento.
A) Mediante su
sentencia 262/2020 de 18 diciembre el Juzgado de lo Social nº 2 de Bilbao
estima parcialmente la demanda y considera que ha existido un despido
improcedente. Sus núcleos argumentales son los siguientes:
* La carta de despido
es vaga e imprecisa pues no aporta datos de los que colegir cuál es la
situación económica de la cooperativa empleadora.
* La nulidad no puede
anudarse a la situación de incapacidad temporal (IT) en que se encontró el
trabajador, pues solo la discapacidad o situaciones asimiladas están
especialmente protegidas; además, la IT ya no existía en el momento del
despido.
* Desde la perspectiva
de las repercusiones del estado de alarma, la existencia de un despido sin
causa tampoco aboca a la nulidad sino a la improcedencia. Son tres las razones
para esa conclusión: 1ª) La jurisprudencia sobre carácter improcedente de los
despidos sin causa. 2ª) La nulidad debe reservarse para los casos graves, como
cuando hay vulneración de derechos fundamentales. 3ª) El RDL 9/2020 no
incorpora una prohibición.
B) La sentencia nº
699/2021 de 20 abril, dictada por la Sala de lo Social del Tribunal Superior de
Justicia del País Vasco, ahora recurrida, estima el recurso de suplicación
interpuesto por el trabajador (nº 383/2021) y califica como nula la extinción
de su contrato de trabajo; incorpora un Voto Particular. Aplica el criterio de la
Sala (aprobado en Plenillo "por mayoría simple, y sin perjuicio de los
votos particulares"). Sus argumentos son los que siguen.
El art. 2º del RDL
9/2020 hay que relacionarlo con los arts. 22 y 23 del RDL 8/2020: de ahí deriva
una total preferencia del legislador hacia la suspensión contractual (ERTE) por
causas asociadas a la pandemia. La empresa acaba cometiendo un fraude pues
queda sin efecto la decisión legislativa de impedir los despidos por tales
motivos. El artículo 6.4 del Código Civil refuerza esa conclusión.
Salvo que quede
acreditada una causa extintiva totalmente ajena al COVID-19 hay que concluir
que el despido es irregular. La norma de emergencia ha acordado el
mantenimiento del empleo previo al estado de alarma (la "no disposición de
la facultad de despedir"), de modo que "la voluntad de las partes ha
quedado criogelizada, y se ha asumido por el legislador una función propia de
los interlocutores sociales, que es la negociación y la disponibilidad de
determinadas instituciones". El bloque normativo de emergencia "ha
colocado la protección del empleo frente a la pandemia en un rango electivo
similar al de la protección de los derechos fundamentales".
Además, la nulidad en
despidos objetivos y colectivos es más amplia que en el caso del despido
disciplinario, lo que aporta un argumento de legalidad ordinaria adicional.
B) Análisis de la
contradicción.
Puesto que constituye
una exigencia de orden público, aunque no haya sido cuestionada, hemos de
comprobar si concurre la contradicción legalmente exigida entre las sentencias
opuestas por la recurrente.
1º) Sentencia
referencial.
A efectos de esa
comparación el recurso ha seleccionado la STSJ Castilla y León (Burgos) 51/2021
de 24 febrero (rec. 21/2021). El actor en este caso venía prestando servicios
para la empresa demandada hasta que el 27 de marzo de 2020 recibió un email
comunicándole su despido por motivos de fuerza mayor debido a la pandemia por
el coronavirus. La relación laboral se extinguió el 31 de marzo de 2020.
Calificado el despido
de improcedente en la instancia, el trabajador recurrió en suplicación para
solicitar la nulidad por fraude de ley por contravenir los arts. 22 y 23 del
RDL 8/2020 y el art. 2 del RDL 9/2020, pero la sentencia de contraste desestima
el recurso por varias razones: 1ª) El precepto pudo calificar el despido como
nulo y no lo hizo. 2ª) No es argumento el que se trata de una legislación de
urgencia porque en muchas ocasiones esa legislación ha supuesto reformas
importantes. 3ª) El articulo citado utiliza el término
"justificativa" y según la RAE el verbo justificar significa probar
algo con razones convincentes, testigos o documentos, de modo que si la causa
alegada, productiva en el caso, no justifica el despido la consecuencia es la
improcedencia.
2º) Contradicción
existente.
Reiteramos ahora la
valoración interina que realizamos en el momento de admitir a trámite el
recurso, en el sentido de que las sentencias confrontadas son contradictorias.
En ambos casos se
reclama frente a un despido que aparece vinculado a los problemas que la
pandemia del Covid-19 proyecta sobre las respectivas empresas. Al no poderse
tomar como válida esa causa, la calificación otorgada al despido (en aplicación
de idénticas normas, dadas las fechas de las respectivas extinciones contractuales)
difiere pues abraza ora la nulidad (sentencia recurrida), ora la improcedencia
(caso de contraste).
En consecuencia,
debemos decidir si el despido acordado por causas objetivas, con fundamento en
las circunstancias excepcionales derivadas del COVID pero sin llegar a
acreditarse, ha de calificarse como improcedente o como nulo.
C) Examen de las
principales normas aplicables.
Para una más ágil
exposición de nuestro ulterior razonamiento, así como para acabar de centrar
los términos del debate, por lo demás de estricto corte interpretativo,
conviene comenzar recordando el tenor de los preceptos laborales (tanto de
excepción cuanto estructurales) que lo acotan; también, como ya ha podido
comprobarse, resulta pertinente traer a colación alguna regla común sobre
teoría general del negocio jurídico y de las fuentes del Derecho.
1º) Código Civil.
A) El artículo 6.3 CC
recoge la figura de la nulidad asociada a los actos contrarios a normas
prohibitivas:
Los actos contrarios a las normas imperativas y a las prohibitivas son nulos de pleno derecho, salvo que en ellas se establezca un efecto distinto para el caso de contravención.
B) El artículo 6.4 CC
define el fraude de ley y asigna las consecuencias inherentes al mismo:
Los actos realizados al amparo del texto de una norma que persigan un resultado prohibido por el ordenamiento jurídico, o contrario a él, se considerarán ejecutados en fraude de ley y no impedirán la debida aplicación de la norma que se hubiere tratado de eludir.
C) El artículo 7.2 CC
delinea el abuso de derecho y precisa el modo en que ha de abordarse:
La Ley no ampara el abuso del derecho o el ejercicio antisocial del mismo. Todo acto u omisión que por la intención de su autor, por su objeto o por las circunstancias en que se realice sobrepase manifiestamente los límites normales del ejercicio de un derecho, con daño para tercero, dará lugar a la correspondiente indemnización y a la adopción de las medidas judiciales o administrativas que impidan la persistencia en el abuso.
2º) Normas sobre
calificación del despido como nulo o improcedente.
Versando el debate
sobre la calificación que corresponda a la extinción contractual acordada por
la empresa (con apariencia de despido objetivo) es lógico que deban entrar en
liza las reglas dedicadas a tal menester, presentes tanto en la norma
sustantiva por excelencia cuanto en la Ley procesal.
A) El artículo 53 ET,
sobre "Forma y efectos de la extinción por causas objetivas" y su
apartado 4 es el que ahora interesa examinar con atención:
Cuando la decisión
extintiva del empresario tuviera como móvil algunas de las causas de
discriminación prohibidas en la Constitución o en la ley o bien se hubiera
producido con violación de derechos fundamentales y libertades públicas del
trabajador, la decisión extintiva será nula, debiendo la autoridad judicial
hacer tal declaración de oficio.
Será también nula la
decisión extintiva en los siguientes supuestos:
a) La de las personas
trabajadoras durante los periodos de suspensión del contrato de trabajo por
nacimiento, adopción, guarda con fines de adopción, acogimiento, riesgo durante
el embarazo o riesgo durante la lactancia natural a que se refiere el artículo
45.1.d) y e), o por enfermedades causadas por embarazo, parto o lactancia
natural, o la notificada en una fecha tal que el plazo de preaviso concedido
finalice dentro de dichos periodos.
b) La de las
trabajadoras embarazadas, desde la fecha de inicio del embarazo hasta el
comienzo del periodo de suspensión a que se refiere la letra a); el de las
personas trabajadoras que hayan solicitado uno de los permisos a los que se
refieren los artículos 37.4, 5 y 6, o estén disfrutando de ellos, o hayan
solicitado o estén disfrutando la excedencia prevista en el artículo 46.3; y el
de las trabajadoras víctimas de violencia de género por el ejercicio de su
derecho a la tutela judicial efectiva o de los derechos reconocidos en esta ley
para hacer efectiva su protección o su derecho a la asistencia social integral.
c) La de las personas
trabajadoras después de haberse reintegrado al trabajo al finalizar los
periodos de suspensión del contrato por nacimiento, adopción, guarda con fines
de adopción o acogimiento, a que se refiere el artículo 45.1.d), siempre que no
hubieran transcurrido más de doce meses desde la fecha del nacimiento, la
adopción, la guarda con fines de adopción o el acogimiento.
Lo establecido en las
letras anteriores será de aplicación, salvo que, en esos casos, se declare la
procedencia de la decisión extintiva por motivos no relacionados con el
embarazo o con el ejercicio del derecho a los permisos y excedencia señalados.
Para considerarse procedente deberá acreditarse suficientemente que la causa
objetiva que sustenta el despido requiere concretamente la extinción del
contrato de la persona referida.
En el resto de los
supuestos, la decisión extintiva se considerará procedente cuando se acredite
la concurrencia de la causa en que se fundamentó la decisión extintiva y se
hubiesen cumplido los requisitos establecidos en el apartado 1 de este artículo.
En otro caso se considerará improcedente.
No obstante, la no
concesión del preaviso o el error excusable en el cálculo de la indemnización
no determinará la improcedencia del despido, sin perjuicio de la obligación del
empresario de abonar los salarios correspondientes a dicho periodo o al pago de
la indemnización en la cuantía correcta, con independencia de los demás efectos
que procedan.
B) Por su lado, la Ley
Reguladora de la Jurisdicción Social dedica el artículo 122 a la calificación
de la extinción del contrato por causas objetivas, albergando el siguiente
contenido:
2. La decisión extintiva será nula:
a) Cuando resulte discriminatoria o contraria a los derechos fundamentales y libertades públicas del trabajador.
b) Cuando se haya efectuado en fraude de ley eludiendo las normas establecidas por los despidos colectivos, en los casos a que se refiere el último párrafo del apartado 1 del artículo 51 del Texto Refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores.
c) La de los trabajadores durante el período de suspensión del contrato de trabajo por maternidad, riesgo durante el embarazo, riesgo durante la lactancia natural, enfermedades causadas por embarazo, parto o lactancia natural, adopción o acogimiento o paternidad al que se refiere la letra d) del apartado 1 del artículo 45 del Texto Refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores, o el notificado en una fecha tal que el plazo de preaviso concedido finalice dentro de dicho período.
d) La de las trabajadoras embarazadas, desde la fecha de inicio del embarazo hasta el comienzo del período de suspensión a que se refiere la letra c), y la de los trabajadores que hayan solicitado uno de los permisos a los que se refieren los apartados 4, 4 bis y 5 del artículo 37 del Texto Refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores, o estén disfrutando de ellos, o hayan solicitado o estén disfrutando la excedencia prevista en el apartado 3 del artículo 46 de la misma Ley; y la de las trabajadoras víctimas de violencia de género por el ejercicio de los derechos de reducción o reordenación de su tiempo de trabajo, de movilidad geográfica, de cambio de centro de trabajo o de suspensión de la relación laboral, en los términos y condiciones reconocidos en el Estatuto de los Trabajadores.
e) La de los trabajadores después de haberse reintegrado al trabajo al finalizar los períodos de suspensión del contrato por maternidad, adopción o acogimiento o paternidad, siempre que no hubieran transcurrido más de nueve meses desde la fecha de nacimiento, adopción o acogimiento del hijo.
Lo establecido en las letras c), d) y e) será de aplicación, salvo que, en esos casos, se declare la procedencia de la decisión extintiva por motivos no relacionados con el embarazo o con el ejercicio del derecho a los permisos y excedencias señalados.
3º) Normas de
emergencia sanitaria.
Al exponer los
antecedentes relevantes para encuadrar la actual discusión ya ha sido necesario
aludir a dos de las normas de emergencia que inciden sobre las relaciones
laborales y que fueron aprobadas para afrontar las devastadoras consecuencias
de la pandemia debida al Covid-19. Ampliemos seguidamente esta alusión.
A) Mediante RD
463/2020, de 14 de marzo, se declara el estado de alarma para la gestión de la
situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19. Contiene
restricciones a la libre circulación de personas, incluyendo la excepción
representada por los desplazamientos al lugar de trabajo ("para efectuar
su prestación laboral, profesional o empresarial") y retorno al lugar de
residencia habitual (art. 7º), habiendo sido parcialmente considerado opuesto a
la Constitución (STC 182/2021 de 27 octubre) pero en materia no relacionada con
la que aquí interesa.
B) El RDL 8/2020 de 17
marzo, de medidas urgentes extraordinarias para hacer frente al impacto
económico y social del COVID-19, introduce numerosas reglas sobre cuyo alcance
nos hemos debido ocupar en múltiples ocasiones. Conviene recordar que "las
medidas excepcionales de naturaleza laboral que se establecen en la presente
norma tienen como objetivos prioritarios garantizar que la actividad
empresarial y las relaciones de trabajo se reanuden con normalidad tras la
situación de excepcionalidad sanitaria" (art. 5º).
Su artículo 22 aborda
la "Medidas excepcionales en relación con los procedimientos de suspensión
de contratos y reducción de jornada por causa de fuerza mayor". La
evolución de los acontecimientos sociosanitarios y el deseo de acomodar la
norma a los diversos problemas evidenciados por su aplicación explica que en el
plazo de año y medio conociera hasta nueve redacciones distintas. La vigente en
el momento de acaecer el despido aquí examinado (cuarta de ellas) inicia su
extenso contenido del siguiente modo:
Las suspensiones de
contrato y reducciones de jornada que tengan su causa directa en pérdidas de
actividad como consecuencia del COVID-19, incluida la declaración el estado de
alarma, que impliquen suspensión o cancelación de actividades, cierre temporal
de locales de afluencia pública, restricciones en el transporte público y , en
general, de la movilidad de las personas y /o las mercancías, falta de
suministros que impidan gravemente continuar con el desarrollo ordinario de la
actividad, o bien en situaciones urgentes y extraordinarias debidas al contagio
de la plantilla o la adopción de medidas de aislamiento preventivo decretados
por la autoridad sanitaria, que queden debidamente acreditados, tendrán la
consideración de provenientes de una situación de fuerza mayor, con las
consecuencias que se derivan del artículo 47 del texto refundido de la Ley del
Estatuto de los Trabajadores, aprobado por el Real Decreto Legislativo 2/2015,
de 23 de octubre.
En paralelo, el
artículo 23 (que ha experimentado la misma movilidad que el ya examinado)
afronta las "Medidas excepcionales en relación con los procedimientos de
suspensión y reducción de jornada por causa económica, técnica, organizativa y
de producción". El precepto introduce determinadas especialidades
"respecto del procedimiento recogido en la normativa reguladora de estos
expedientes".
Asimismo, su
Disposición Adicional Sexta, que ha conocido cinco redacciones distintas, en la
vigente al momento de producirse el despido aquí enjuiciado, bajo la rúbrica
"Salvaguarda de empleo" precisaba que "Las medidas
extraordinarias en el ámbito laboral previstas en el presente real decreto-ley
estarán sujetas al compromiso de la empresa de mantener el empleo durante el
plazo de seis meses desde la fecha de reanudación de la actividad".
C) Mediante el Real
Decreto-Ley 9/2020, de 27 de marzo, se adoptan medidas complementarias, en el
ámbito laboral, para paliar los efectos derivados del COVID-19. De hecho,
alguna de ellas viene a clarificar y, sobre todo, complementar lo previamente
dispuesto por el RDL 8/2020.
La Exposición de
Motivos contextualiza las medidas aprobadas por el RDL 8/2020, indicando que el
enfriamiento de la economía derivado de la pandemia "va a tener una
duración limitada y sujeta a un periodo de tiempo concreto", lo que abunda
en la idea de no destruir empleo:
Por esta razón, se
establecieron medidas extraordinarias y excepcionales en el Real Decreto-ley
8/2020, de 17 de marzo, con el objetivo de garantizar que los efectos de la
crisis sanitaria no impidan el restablecimiento de la actividad empresarial y
la salvaguarda del empleo. En este sentido, y no obstante la vigencia de las
diversas causas de despido y extinción de los contratos previstas en la normativa
laboral, el Gobierno reforzó los procedimientos de suspensión y reducción de
jornada, agilizándolos y flexibilizándolos, con el objetivo de que las causas a
las que se refieren los artículos 22 y 23 del Real Decreto-ley 8/2020, de 17 de
marzo, no sean utilizadas para introducir medidas traumáticas en relación al
empleo, la extinción de los contratos de trabajo, sino medidas temporales, que
son las que, en definitiva, mejor responden a una situación coyuntural como la
actual.
Pero es el artículo
segundo de esta norma el que centra el presente debate. Viene rubricado como
"Medidas extraordinarias para la protección del empleo" y ha conocido
cuatro redacciones, siendo aplicable a nuestro caso la originaria, conforme a
la cual la fuerza mayor y las causas económicas, técnicas, organizativas y de
producción en las que se amparan las medidas de suspensión de contratos y
reducción de jornada previstas en los artículos 22 y 23 del Real Decreto-ley
8/2020, de 17 de marzo, no se podrán entender como justificativas de la
extinción del contrato de trabajo ni del despido.
D) La exposición de
motivos del Real Decreto-ley 24/2020, de 26 de junio, aunque posterior a la
fecha del despido impugnado, explica asimismo la finalidad del acervo normativo
relativo a la pandemia: "toda la normativa adoptada por causa del
COVID-19, cuyo pilar o eje fundamental está constituido por las medidas de
flexibilidad interna, de carácter coyuntural, ha tenido por objetivo
estabilizar el empleo, evitar la destrucción de puestos de trabajo y sostener
el tejido productivo, a través además de una flexibilización de los mecanismos
precisos, evitando cargas adicionales innecesarias."
D) Doctrina pertinente.
No hemos abordado de
manera frontal el dilema que se somete a nuestra consideración. Pero sí que hay
ciertas premisas doctrinales que venimos proclamando y que, por evidentes
razones de seguridad jurídica, debemos mantener (o variar de modo razonado y
justificado).
1º) Calificación del
despido conforme al mandato legal.
A) La STS 28 octubre
1987 (infracción de ley, Albesa S.A.) sostiene que la calificación del despido
incumbe al órgano jurisdiccional y no a la parte a la que lo único que le
corresponde es la prueba de que dicho despido se produjo. Razona así:
"[...] No se debe desconocer que la calificación jurídica correspondiente al despido del trabajador es misión exclusiva del magistrado de Trabajo, quien a la vista del resultado de las pruebas verificadas en el acto del juicio, procederá a calificarlo en derecho sin tener que atenerse ni vincularse a la que se ha hecho en la demanda, bastando con que el demandante impugne en su demanda el despido de que ha sido objeto, señalando los datos personales de las parte litigantes, lugar y clase de trabajo, antigüedad y salario en las de despido, su fecha y los motivos alegados por la empresa, para que a la vista de ello y de las pruebas practicadas, calificar en derecho el despido de, procedente, improcedente, nulo o radicalmente nulo".
B) La STS 835/2020 de 2
octubre (rcud. 4443/2017) mantiene la validez de la doctrina recién expuesta y
añade lo siguiente, precisamente respecto de un despido por causas objetivas:
Aunque en el proceso
laboral rige el principio de justicia rogada (art. 216 LEC), el mandato del
art. 108.2 LRJS) obliga al juez a declarar el despido nulo (art. 108.3 LRJS),
pues las circunstancias a las que se refieren los apartados a), b) o c) del
artículo 108.2 LRJS constituyen un sistema de tutela objetiva y automática
frente al despido (STS de 23 de diciembre de 2014, rec. 2091/2013), de modo que
si el empleador no acredita la concurrencia de la causa que justifique su
decisión extintiva, ésta no será declarada improcedente sino nula (STS de 20 de
enero de 2015, rec. 2415/2013), sin necesidad de que la persona despedida tenga
que aportar indicio alguno sobre la conculcación de un derecho fundamental,
sino que basta con que acredite alguna de las circunstancias descritas en los
apartados a), b) o c) del artículo 108.2 LRJS (STS de 30 de abril de 2009, rec.
2428/2008).
C) La STS 104/2022 de 2
febrero (rcud. 4633/2018) resume abundante doctrina sobre la competencia del
órgano judicial para calificar la extinción del contrato de trabajo acordada
por el empleador:
En la instancia, la
calificación del despido como procedente, improcedente o nulo debe realizarse
conforme a derecho, sin que el órgano judicial esté vinculado por la
calificación efectuada por el actor. La razón es que no es una materia
dispositiva que dependa de la petición de la parte actora sino que corresponde
al órgano judicial determinar cuál es la calificación ajustada a Derecho, con
sujeción en todo caso a los hechos alegados por el demandante.
Asimismo, recalca que
la citada doctrina jurisprudencial no excluye que la calificación del despido
deba hacerse de conformidad con la causa petendi. El principio de congruencia
exige que la sentencia dictada por el Juzgado de lo Social se ajuste a la causa
de pedir. En caso contrario, la sentencia de instancia sí que incurriría en
incongruencia, causando indefensión al demandado, que no habría podido
defenderse de ella.
Por ello,
ejemplificativamente, si el demandante no invoca la garantía de indemnidad, el
Juzgado tampoco puede declarar nulo el despido por vulnerar el art. 24 de la
Constitución porque ello causaría indefensión a la parte demandada, que no pudo
defenderse de dicha alegación de la parte recurrente. Añade que debemos
diferenciar:
a) Si el actor alega
los hechos y fundamentos relativos a la vulneración de la garantía de
indemnidad, la calificación del despido realizada por el órgano judicial debe
ajustarse a Derecho. Puede declarar el despido nulo, aunque el demandante no
haya solicitado dicha calificación.
b) Por el contrario, si
el demandante no invoca la garantía de indemnidad, que es ajena al debate
litigioso, el órgano judicial no puede declarar la nulidad del despido por una
causa que no ha sido alegada por el trabajador.
2º) El despido
fraudulento solo es nulo si lo ha previsto el legislador laboral.
A) La STS de 15
diciembre 1994 (rcud. 985/1994) da cuenta de que anteriormente la
jurisprudencia consideraba como nulos ciertos despidos vinculados a situaciones
"en que la actuación arbitraria, desligada de causa conocida o derivada de
la torticera búsqueda del incumplimiento legal, mediante ficciones que pudieran
permitirles ampararse en otra figura jurídica.
Pero aquella
calificación, aceptada restrictivamente durante la vigencia de la Ley Procesal
de 1980 desaparece en la actualidad legal, dados los términos del artículo 108 de
la LRJS que determina los casos en que el despido debe ser declarado
nulo".
B) De este modo, puede
afirmarse que a partir de la Ley de Bases de Procedimiento Laboral de 1989 es
inexistente la figura del despido nulo por fraude de ley. Por ejemplo, hemos
descartado la nulidad del despido por fraude en casos como los siguientes:
* Cuando ha mediado cesión ilegal de trabajadores entre empresas: SSTS 2 noviembre 1993 (rcud. 3669/1992), 19 enero 1994 (rcud. 3400/1992) y 26 enero 1996 (rcud. 635/1995).
* Cuando se ha despedido en función de hechos ya prescritos: STS de 28 febrero 1995 (rcud. 1564/1994).
* Cuando la empresa invoca la invalidez total como causa de extinción pese a que el convenio cuando el convenio colectivo la descarta: STS de 23 mayo 1996 (rcud. 2369/1995).
* Cuando la empresa invoca la conclusión del término para extinguir un contrato temporal que adquirió fijeza por celebrarse en fraude de ley: STS de 10 julio 1996 (rcud. 4027/1992).
* Cuando existe falta absoluta de prueba por el empresario de la causa alegada en la carta de despido; STS de 10 diciembre 1997 (rcud. 1649/1997).
* Cuando el empleador reconoce de inmediato que ha procedido al despido (invocando un motivo genérico) sin causa justificada: SSTS de 29 septiembre 2014 (rcud. 3248/2013); 5 mayo 2015 (rcud. 2659/2013); 944/2017 de 29 noviembre (rcud. 1326/2015).
* Cuando no hay causa legal para la extinción del contrato de trabajo y la causa real no se encuentra entre las tipificadas como determinantes de la nulidad (STS de 29 abril 2014, rcud. 3248/2013).
C) La STS 944/2017 de
29 noviembre (rcud. 1326/2015), con cita de abundantes precedentes, recopila
nuestra doctrina del siguiente modo:
1. Pero es que, además,
el principal problema que el recurrente plantea, esto es, el de la calificación
del despido nulo por fraude de ley o abuso de derecho, como reconoce y admite
el dictamen del Ministerio Fiscal, ha de entenderse resuelto por la doctrina
unificada de esta Sala cuando, en palabras del propio Ministerio Público,
"no encuentra causa de nulidad en el llamado despido fraudulento".
2. Y así es, en efecto.
En todas estas resoluciones se ha llegado invariablemente a la conclusión de
que en aquellos supuestos, como los allí enjuiciados, en que la empresa no ha
alegado y probado la causa justificada de extinción objetiva enunciada en el
art. 52.d) del Estatuto de los Trabajadores -ET- ("faltas de asistencia al
trabajo, aun justificadas pero intermitentes", que alcancen o superen
determinados niveles), el despido por motivo de enfermedad o baja médica
merece, en principio, la calificación de despido improcedente y no la de
despido nulo.
A su vez, esta
jurisprudencia sobre calificación del despido por enfermedad enlaza
expresamente ( STS de 29-2-2001) con una línea jurisprudencial anterior, según
la cual la práctica empresarial de indicar una causa de despido que no se
corresponde con el motivo real de la decisión de dar por terminado el contrato
de trabajo -el llamado "despido fraudulento"- no justifica por sí
misma la calificación de nulidad.
3. De acuerdo con esta
doctrina, a partir del texto articulado de la Ley de Procedimiento Laboral
(LPL) de 1990, no modificado en este punto en el texto refundido de 1995 ni en la
vigente LRJS, el art. 108.2 ésta última disposición "enuncia de manera
cerrada los casos en que el despido ha de ser calificado como nulo", y
dentro de esta relación exhaustiva no se encuentra la extinción por voluntad
del empresario cuyo verdadero motivo no coincida con la causa formal expresada
en la comunicación del cese.
Esta línea
jurisprudencial sobre la carencia de "apoyo o refrendo legal" de la
nulidad del despido fraudulento se inicia en STS 2-11-1993 (rec. 3669/1992), a
la que corresponden los párrafos entrecomillados, y continúa en STS 19-1-1994
(rec. 3400/1992), STS 23-5-1996 (rec. 2369/1995) y 30-12-1997 (rec. 1649/1997).
"Cuando no hay causa legal para la extinción del contrato de trabajo y la
causa real no se encuentra entre las tipificadas como determinantes de la
nulidad del despido - concluye STS 29-2-2001 (citada)- la calificación
aplicable es la de improcedencia" del despido, y no la de nulidad del
mismo.
4. Así pues, la
cuestión debatida, como se ha anticipado, se ha resuelto ya por la Sala, entre
otras, en las sentencias del TS de 22 de enero de 2008 (R. 3995/2006), 27 de
enero de 2009 (R. 602/2008) y 22 de noviembre de 2007 (R. 3907/2006). Esta
última sentencia, igual que la más reciente, además de mantener la doctrina
jurisprudencial anterior sobre la calificación de improcedencia del despido
motivado por "bajas médicas" del trabajador, ofrecen también
respuestas a la mayoría de los argumentos específicos que aparecen en el presente
debate procesal. A sus razonamientos y decisión final hemos de atenernos ahora
por evidentes razones de seguridad jurídica".
3º) Nulidad por
vulneración de derechos fundamentales.
Son muy numerosos los
supuestos en que hemos debido afrontar la calificación de un despido vulnerador
de derechos fundamentales, y en todos ellos (fuere cual fuere el texto procesal
vigente) hemos asignado a tales casos la consideración de extinciones nulas si
se considera existente esa conducta.
Buen ejemplo de ello es
la STS 17 febrero 2016 (rcud. 808/2014): acaba considerando improcedente el
despido por falta de acreditación de la causa imputada (relacionada con el
blanqueo de capitales) y pese a que el trabajador considera vulnerado su
derecho al honor. Descarta la nulidad, precisamente, al no constatar esa lesión
del derecho al honor pues no concurre intencionalidad empresarial de atentar
contra la buena reputación del trabajador, ni un descrédito procedente de la
difusión de la información hacia terceros o más allá de las fronteras de la
relación privada.
La STS 696/2022 de 26
julio (rcud. 1675/2021), con base en la STC 61/2021 de 15 marzo, entiende que
la calificación como nulo del despido basado en pruebas obtenidas con
vulneración de derechos fundamentales no puede ser automática, sino que ha de
basarse en la mayor o menor conexión entre ese dato y la extinción contractual.
De ese modo gana firmeza la sentencia recurrida (declarando nulo el despido)
pero "no significa ello que consideramos en todo caso inescindible la
declaración de que una prueba ha sido obtenida con vulneración de derechos
fundamentales y la ulterior calificación del despido como nulo. Lo que sucede
es que la determinación de en qué medida concurre la 'conexidad' entre la
vulneración de derechos fundamentales y el despido es cuestión tributaria de la
valoración de cuantas circunstancias concurran".
4º) Los despidos
colectivos asociados a la Covid-19 sin causa y su calificación.
A) La STS 168/2022 de
22 febrero (rec. Precision Casting Bilbao) contiene una extensa doctrina acerca
de los despidos (allí colectivo) asociados al Covid-19 que puede sintetizarse
así:
1ª) Respecto de las
causas económicas, técnicas, organizativas o productivas (ETOP) relacionadas
con la pandemia causada por el COVID, en el caso de que la empresa acredite que
las causas son estructurales y no meramente coyunturales, la suspensión
contractual no constituiría una medida idónea para afrontarlas y se podría
realizar un despido colectivo.
2ª) En los despidos
colectivos realizados durante la vigencia de la pandemia que estén relacionados
con el COVID-19, incumbe a la empresa acreditar que las circunstancias que
motivaron el despido colectivo son estructurales y no meramente coyunturales.
3ª) Al no haber
acreditado la empresa que concurra una situación estructural, debió haber
articulado medidas de flexibilidad interna y no externa.
4ª) Al existir indicios
de la vulneración de la garantía de indemnidad: la conexión temporal entre la
sentencia declarando nulo el ERTE y el inicio del procedimiento de despido
colectivo, sin una justificación razonable de que fue ajeno a la vulneración de
derechos fundamentales, el despido colectivo debe declararse nulo.
B) La STS 239/2022 de
16 marzo (rec. 265/2021, Aernnova Aeroestructuras Álava SAU) insiste en la
expuesta doctrina conforme a la cual la cautela del artículo 2º del RDL 9/2020 no
resulta de aplicación cuando el origen de las causas económicas o productivas
que justifican el despido se hubieran iniciado antes de la pandemia y trajeran
causa de una crisis estructural propia o sectorial, pero no en la crisis
sanitaria. "De tal forma que si concurren las causas coyunturales
previstas en los artículos 22 y 23 del Real Decreto-ley 8/2020 no se
considerará justificado el despido o la extinción del contrato de trabajo por
fuerza mayor o por causas económicas, técnicas, organizativas y de producción,
sino que dichas circunstancias facultan, en su caso, para proceder a la suspensión
de contratos o reducción de jornada por fuerza mayor (artículo 22) o para la
suspensión o reducción de jornada por causas económicas, técnicas,
organizativas o de producción (artículo 23). Por el contrario, si la empresa
acredita la existencia de una situación estructural, sí que puede acordar el
despido colectivo".
C) La STS 358/2022 de
20 abril (rec. 241/2021), CPM International Telebusiness SLU ) rechaza la
nulidad del despido colectivo por vulneración de la "cláusula de salvaguarda
de empleo" por no tener su causa directa en la pérdida de actividad como
consecuencia del COVID-19, sino en la rescisión de contrato de prestación de
servicios, teniendo en cuenta que si concurren causas estructurales y no
meramente coyunturales ha de acudirse a esta medida y no a la suspensión de los
contratos; acreditada la pérdida de la contrata la decisión extintiva ha de
declararse ajustada a Derecho.
E) Alcance del artículo
2º del RDL 9/2020.
Sobre cuanto hemos
expuesto vamos a abordar ya frontalmente el tema suscitado: la calificación de
un despido que ha desconocido la previsión del artículo 2º del RDL 9/2020 sin
que esté en juego la vulneración de derecho fundamental especial, aunque
respecto de esto último volveremos de inmediato.
1º) Recapitulación.
El artículo 2º del RDL
9/2020 ha querido que las dificultades empresariales generadoras de causas ETOP
o de fuerza mayor asociadas a la pandemia se encaucen por la vía suspensiva
("ERTE") y no por la extintiva. Del tenor literal de dicho precepto
se desprende, y en eso coinciden las sentencias sujetas a comparación, que el
legislador no especifica la calificación que merece el despido objetivo (o
colectivo) que contradiga tal norma. La sentencia impugnada sostiene que
estaríamos ante un despido efectuado en fraude de ley, desconocedor de regla
prohibitiva, por lo que debe calificarse como nulo.
Nuestra doctrina viene
asignando al órgano judicial la tarea de calificar el despido a la vista de la
pretensión formulada en la demanda y de los hechos acreditados. Ya hace tiempo
que puede considerarse consolidada la idea de que resulta necesaria la previa
indicación legal de que el despido es nulo para que proceda esa calificación,
sin que sea posible reconducir a tal categoría los identificados como
fraudulentos (salvo indicación legal al efecto).
Respecto de los
despidos con vulneración de derechos fundamentales hay que estar a las
circunstancias de cada caso, especialmente de cara a aquilatar la conexión
entre los indicios de que así ha sucedido y la extinción contractual.
Por último, en materia
de despidos asociados a causas originadas por la COVID-19 venimos entendiendo
que si el problema es estructural resulta posible proceder a la terminación del
contrato de trabajo (lo que comporta su calificación como procedente, ajustado
a Derecho). Y no hemos considerado suficiente que se desconozca la regla del
artículo 2º del RDL 9/2020 para declarar la nulidad, sino que hemos examinado circunstanciadamente
si concurre la afirmada vulneración de derechos fundamentales.
Sobre esas bases
debemos desarrollar ya el argumentario que nos inclina a considerar correcta la
doctrina albergada en la sentencia referencial.
2º) Las normas de
emergencia aplicables no inciden en la calificación del despido.
A) El transcrito
artículo segundo del RDL 9/2020 dispone que las causas de crisis empresarial
(ETOP o fuerza mayor) derivadas de la pandemia "no se podrán entender como
justificativas de la extinción del contrato de trabajo ni del despido".
Esa prescripción ha
sido identificada como una prohibición de despedir por la sentencia recurrida
("nos encontramos con la aplicación de previsiones de derecho imperativo y
de prohibición"). No es ese el alcance que debe darse a la norma. Lo que
contiene es una destipificación, una neutralización de causas extintivas.
Problemas referidos al normal funcionamiento de la empresa que, de no existir
la norma, encajarían en el despido objetivo o colectivo, sin embargo, quedan
ayunos de ese cauce. Dificultades empresariales que podrían justificar, en
condiciones de normalidad, una extinción ajustada a Derecho ya no pueden
alcanzar esa legitimación. Tal es el sentido y la consecuencia del precepto en
cuestión. Como si desapareciera de nuestro ordenamiento la apertura legal que
en el artículo 49 ET y concordantes contemplan esa posibilidad de ajuste
laboral.
La magra formulación
legislativa no prohíbe la extinción contractual, sino que retira la cobertura
del despido por dificultades empresariales.
B) El cumplimiento
cabal de lo preceptuado en el artículo 2º del RDL 9/2020 comporta que las
causas ETOP o de fuerza mayor que posibilitaban la suspensión contractual a
través del ERTE carecen de virtualidad.
Puesto que la empresa
ha invocado razones genéricas, además de conectadas con la pandemia, nos
encontramos ante supuesto en que la terminación del contrato queda sin causa
válida y, además, choca con la prescripción del repetido artículo 2º. El
silencio legislativo sobre la calificación del despido es lo que nos aboca a
proyectar sobre el supuesto las construcciones generales sobre la materia.
Ni el legislador ha
establecido una verdadera prohibición ni, lo que resulta decisivo, ha
proclamado la nulidad de los despidos desconocedoras de su deseada pervivencia
de la relación laboral a través del cauce suspensivo (arts. 22 y 23 del RDL
8/2020).
C) Tampoco puede
confundirse la regla aquí examinada con la exigencia de mantenimiento del
empleo para las empresas acogidas a los ERTEs asociados a la pandemia. La
empresa no ha puesto en marcha un ERTE y desconocido luego su deber de mantener
el nivel de empleo, sino que ha orillado aquella figura suspensiva mediante la
instrumentación de la extinción enjuiciada.
D) Las múltiples
reformas que los RRDDLL 8 y 9/2020 han experimentado, omiten la precisión sobre
las consecuencias de que se desconociera la regla del reseñado artículo 2º.
Ello, pese a la evidente duda que se generaba desde su promulgación y a la
existencia de la acrisolada línea jurisprudencial que hemos recordado (apartado
2 del Fundamento Cuarto). En consecuencia, ese silencio legislativo solo puede
abocar a la aplicación de las previsiones generales acerca de qué sucede cuando
una extinción contractual acordada por el empleador carece de encaje en las
diversas aperturas del artículo 49.1 ET.
El precepto pretende
impedir que la empresa extinga válidamente un contrato por causas objetivas
relacionadas con la pandemia que podrían haber motivado la suspensión del
contrato o la reducción de jornada a través de los mecanismos de flexibilidad
interna dispuestos en la normativa excepcional COVID-19 (ERTES de los artículos
22 y 23 del RDL 8/2020). El legislador no ha anudado la nulidad al
desconocimiento de la norma, pese a disponer de múltiples ocasiones para ello.
La ausencia de causa acreditada
sea cual fuere la invocada por el empresario (o incluso en ausencia de
cualquiera), reconduce el supuesto al despido improcedente. Por descontado,
salvo que existiera vulneración de derechos fundamentales.
2º) La vulneración de
derechos fundamentales.
Los artículos 53.4 ET y
122.4 LRJS califican como nulo el despido que "se hubiera producido con
violación de derechos fundamentales y libertades públicas del trabajador".
Sin duda alguna, es el resorte que deberíamos activar en caso de haberse
aportado indicios de ello sin que la empresa los hubiera contrarrestado.
La sentencia recurrida sostiene
que el bloque normativo de emergencia ha colocado la protección del empleo
frente a la pandemia en un rango electivo similar al de la protección de los
derechos fundamentales, por lo que la nulidad surge cuando se vulnera la
previsión del artículo 2º en estudio. Son varias las razones que nos llevan a
censurar esa apreciación:
Primera .- Que un Real Decreto-Ley pueda alterar el contorno de los derechos fundamentales y libertades públicas en su contenido esencial resulta inviable, pues se precisa a tal efecto de una Ley Orgánica ( art. 81.1 CE).
Segunda. - Que el derecho al trabajo (art. 35.1 CE) alcance la dimensión de derecho fundamental es algo que solo está al alcance del propio constituyente.
Tercera. - Los artículos 35 (derecho al trabajo) y 38 (libertad de empresa) de la Ley Fundamental aparecen integrados en la misma Sección del Capítulo Segundo del Título I de la Norma Fundamental. En consecuencia, no parece viable que entre ellos se produzca una impropia alteración de rango o de protección, sin perjuicio de que el legislador vaya dando preponderancia a uno u otro a medida que adopta sus decisiones.
Cuarta.- Que el estado de alarma ( art. 116.2 CE) afectase a determinados derechos fundamentales y libertades públicas (RD 463/2020) o que el mismo fuese declarado parcialmente inconstitucional ( STC 148/2021); o que la pandemia generase evidente afección del derecho a la integridad física y a la vida ( art. 15 CE) no significa que cualquier comportamiento ilegal relacionado con aquel vulnere esos derechos fundamentales.
Quinta. - El trabajador no ha invocado, directa o indirectamente, la vulneración de derecho fundamental alguno como causa de su pretensión de que el despido sea considerado como nulo.
3º) El artículo 2º del
RDL 9/2020 no contiene una prohibición.
El artículo 6.3 CC establece
la nulidad "de pleno derecho" respecto de los actos contrarios a las
normas prohibitivas, salvo que en ellas se establezca un efecto distinto.
Son las normas
laborales sustantivas y procesales las que se vienen encargando de establecer
la tipología valorativa de los despidos y sus consecuencias.
Además, conviene
insistir en la apuntada idea de que el RDL 9/2020 no contiene una verdadera
interdicción del despido, sino una temporal restricción de su procedencia;
durante ese tramo cronológico, por así decirlo, ha quedado suspendida la
vigencia de los preceptos sobre las referidas causas de despido objetivo,
colectivo o por fuerza mayor.
Tal restricción es la
consecuencia de que "no se podrán entender como justificativas " de
la extinción las expuestas causas. Así las cosas, si el empleador activa una
extinción por causa imposible lo que surge es un despido acausal. Los despidos
sin causa justificada, con arreglo a nuestra doctrina, son reconducibles a la
calificación como improcedentes.
Solo si la norma asigna
la nulidad expresamente, como sucede cuando la extinción comporta la elusión de
las normas sobre despido colectivo (art. 122.2.b LRJS), es cuando hay que
activar esa calificación.
Por tanto: ni estamos
ante una verdadera prohibición de despedir, ni los efectos de desconocer un
mandato normativo son los de la teoría general del negocio jurídico, sino los
específicos del despido, ni en el caso se ha eludido el mecanismo del despido
colectivo.
4º) La eventual
conducta fraudulenta de la empresa no desemboca necesariamente en la nulidad
del despido.
Expone la sentencia recurrida
que, al encontrarnos ante un despido fraudulento, lo que procede es aplicar las
consecuencias previstas en la norma eludida y ello desemboca en la nulidad.
Sin embargo, como queda
expuesto más arriba, las consecuencias de que un despido aparezca ante los ojos
del juzgador como carente de causa no es (en la actualidad) la de su nulidad,
sino la improcedencia. Ni el abuso de derecho, ni el fraude de ley desembocan
en la calificación acogida por la Sala de suplicación recurrida, no porque ello
fuese exigible desde alguna perspectiva supralegal sino, sencillamente, porque
es el deseo de las Leyes (tanto sustantivas cuanto adjetivas) que desde tiempo
atrás vienen ocupándose del tema.
Con arreglo a la
doctrina jurisprudencial expuesta, cuando el despido carece de causa debe
considerarse improcedente. Esa es, al cabo, la regulación de la que estaría
intentando huir la empresa al articular un despido como el ahora enjuiciado.
Como sostiene la sentencia de instancia (Fundamento Primero, apartado 2.A),
aunque pudiera obviarse el tratamiento común que conduce a la declaración de
improcedencia y fuese aplicable el CC, no procedería nulidad porque ni el
fraude de ley ni el abuso de derecho la imponen: en caso de fraude se aplica la
norma eludida (declaración de improcedencia al no estar justificada la
extinción), en caso de abuso de derecho se abona la indemnización (la de
improcedencia), en caso de nulidad prevalece el efecto de la norma especial (el
ET y la LRJS).
5º) Al quedar el
despido sin causa justificada debe considerarse improcedente.
Puesto que la normativa
de emergencia examinada no altera las premisas para calificar los despidos
carentes de causa (anterior apartado 2) y nuestra doctrina viene calificando
como improcedentes los de tal índole (Fundamento Cuarto, apartado 2) la
conclusión aparece nítida: estamos ante un despido improcedente.
Pertenecen al terreno
de las posibles construcciones normativas (de lege ferenda) las reflexiones
acerca de la mayor o menor concordancia entre los esfuerzos de las Autoridades
Públicas para que el tejido productivo o el empleo no se vieran afectados por
la pandemia y la posibilidad de que, mediando el abono de la indemnización
correspondiente, la empresa acabara extinguiendo un contrato de trabajo.
La renuencia legislativa
a alterar el descrito estado de cosas (Fundamento Tercero), la necesaria
sujeción al principio de legalidad (art. 9.3 CE) y la dispensación de tutela
judicial acorde con la doctrina reiteradamente mantenida constituyen argumentos
sólidos para abrazar la solución de la sentencia referencial.
6º) La improcedencia no
convalida la decisión empresarial.
A) Dados los términos
en que aparece formulado el debate conviene añadir una reflexión más acerca de
si las consecuencias del despido improcedente bastan para llenar las exigencias
preventivas y reparativas respecto de una decisión ilegal como la ahora
enjuiciada. Lo primero que conviene advertir es que esa cuestión puede
plantearse en términos de generalidad, esto es, respecto de cualquier otro
despido de carácter improcedente.
B) Nuestra STS 156/2022
de 16 febrero (rcud. 222/2021) ha recordado el carácter autónomo de la decisión
extintiva empresarial:
Resulta evidente, tal
como venimos poniendo reiteradamente de relieve a partir de nuestra STS de 10
de junio de 2009, Rcud 3098/2007, que tanto la doctrina científica como la
jurisprudencia han coincidido, en términos generales, en la naturaleza
extintiva de la resolución empresarial del despido, que lleva a determinar el
carácter autónomo y constitutivo del acto mismo de despido, que ni siquiera se
desvirtúa en los casos de despido nulo; así resulta de los artículos 49.11 y
54.1 del Estatuto de los Trabajadores y demás preceptos del Estatuto que
disciplinan las diversas modalidades de despidos (objetivo - arts. 52 y 53 ET-
colectivos - artículo 51 ET y del
artículo 3 del Convenio 158 OIT; así lo atestigua el Tribunal Constitucional,
que en sentencia 33/1987 de 12 de marzo, invoca la jurisprudencia consolidada
del Tribunal Supremo y la doctrina del Tribunal Central de Trabajo en el
sentido de que la relación laboral a consecuencia del acto empresarial de
despido se encuentra rota y el restablecimiento del contrato sólo tendrá lugar
cuando haya una readmisión y además ésta sea regular ( STS de 21 de diciembre
de 1990, Rec. 2397/1989). Doctrina ratificada en STS de 21 de octubre de 2004,
Rcud. 4966/2002, que reitera la idea de que el acto del despido es de naturaleza
constitutiva, es decir, extingue la relación laboral en la fecha de efectividad
del despido, de manera que el contrato de trabajo queda roto y con él la
mayoría de los derechos y obligaciones que del mismo dimanan.
C) Esta reflexión
entronca con el respeto al Convenio 158 OIT (distingue entre "causa
prohibida" y "causa justificada"), porque la declaración de
improcedencia de un despido sin causa, lejos de implicar la implícita admisión
de la licitud del desistimiento empresarial, implica negar que esa mera
voluntad pueda servir para extinguir válidamente el contrato y , por eso, la
conducta empresarial es sancionada.
D) Tampoco se vulnera
el derecho a la tutela judicial efectiva por descartarse la calificación de
nulidad en tales casos. La legislación española cumple con la reparación
alternativa del artículo 10 del Convenio 158 de la OIT ("Si los organismos mencionados en el artículo 8 del presente Convenio
llegan a la conclusión de que la terminación de la relación de trabajo es
injustificada y si en virtud de la legislación y la práctica nacionales no
estuvieran facultados o no consideraran posible, dadas las circunstancias,
anular la terminación y eventualmente ordenar o proponer la readmisión del
trabajador, tendrán la facultad de ordenar el pago de una indemnización
adecuada u otra reparación que se considere apropiada") pues contempla la
indemnización como consecuencia posible del incumplimiento del principio de
causalidad del despido. Muchas veces se ha dicho ya que no existe la
posibilidad de una interpretación constitucional de la ley, de la que se
pretenda derivar como conclusión que la falta de mención o prueba de la causa
conlleva la nulidad del despido.
F) Resolución.
1º) Unificación
doctrinal.
Armonizando la dispar
interpretación de las normas aplicadas, en especial del artículo 2º del RDL
9/2020, debemos concluir que el despido desconociendo su admonición no debe
calificarse como nulo, salvo que exista algún dato específico que así lo
justifique (vulneración de un derecho fundamental, elusión de las normas
procedimentales sobre despido colectivo, concurrencia de una circunstancia
subjetiva generadora de especial tutela).
Ni la referida norma
contiene una verdadera prohibición, ni las consecuencias de que haya un despido
fraudulento comportan su nulidad, salvo que exista previsión normativa expresa
(como sucede en el caso de elusión del mecanismo del despido colectivo). Del
mismo modo, tampoco el acudimiento al ERTE aparece como una verdadera
obligación.
La calificación del
despido como nulo no es asumible porque las previsiones sobre el tema (tanto
del ET cuanto de la LRJS) ignoran el supuesto de fraude (salvo en despidos
"por goteo" que eluden el procedimiento de la extinción colectiva).
Nos encontramos ante una extinción sin causa y su enfoque ha de ser el propio
de la legislación laboral vigente tanto por la especialidad de este sector del
ordenamiento cuanto por la propia remisión del artículo 6.3 CC (EDL 1889/1)
(calificando como nulos los actos contrarios a normas imperativas y
prohibitivas "salvo que en ellas se establezca un efecto distinto para el
caso de contravención"), al margen de que propiamente no concurra su
presupuesto aplicativo.
2º) Estimación del
recurso.
Por cuanto antecede,
consideramos que la sentencia recurrida no alberga la buena doctrina y que el
recurso presentado por la empresa debe prosperar, tal y como ha interesado el
Informe del Ministerio Fiscal.
El artículo 228.2 LRJS dispone
que "Si la sentencia del Tribunal Supremo declarara que la recurrida
quebranta la unidad de doctrina, casará y anulará esta sentencia y resolverá el
debate planteado en suplicación con pronunciamientos ajustados a dicha unidad
de doctrina, alcanzando a las situaciones jurídicas particulares creadas por la
sentencia impugnada".
En el presente caso
ello comporta resolver el debate suscitado en suplicación desestimando el
recurso de tal clase planteado por el trabajador y confirmar la sentencia
dictada por el Juzgado de lo Social, por los argumentos ya expuestos.
www.gonzaleztorresabogados.com
928 244 935
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