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domingo, 1 de enero de 2017

Un caso de nulidad del contrato de seguro de hipoteca invertida firmado por una mujer de 87 años, por vicio de consentimiento


A) La sentencia de la Audiencia Provincial de Salamanca, Sec. 1ª, de 11 de octubre de 2012, nº 535/2012, rec. 643/2011, declaró la nulidad del contrato de seguro de hipoteca invertida, por vicio de consentimiento. Establece la sentencia de la AP la nulidad del contrato al estimar que el banco no ha acreditado que la información facilitada fuera lo más completa posible y hubiera sido perfectamente comprendida, lo que derivó en que fuera contratado por la causante de la actora un contrató totalmente perjudicial para sus intereses.

B) CONCEPTO Y REQUISITOS DE LA HIPOTECA INVERSA: La denominada "hipoteca inversa", es una  figura inexistente en nuestra legislación tradicional y que procede de la adaptación de dos figuras de gran arraigo en el derecho anglosajón como son la "Life mortgage" inglesa y la "reverse mortgage" americana, y es una operación financiera especialmente diseñada para mayores de 65 años y personas dependientes, con la que se posibilita convertir a dinero el valor patrimonial que representa la propiedad de su vivienda, sin perder la titularidad.

La hipoteca inversa se define como un préstamo o crédito hipotecario del que el propietario de la vivienda realiza disposiciones, periódicas o en forma de cobro único, hasta un importe máximo determinado por un porcentaje del valor de tasación en el momento de la constitución, y al alcanzarse dicho porcentaje se deja de disponer de la renta aunque la deuda sigue generando intereses. La hipoteca inversa debe ser concedida por una entidad de crédito o una entidad aseguradora y el solicitante y los beneficiarios que éste pueda designar deben ser mayores de 65 años o afectados de dependencia severa o gran dependencia como antes ha quedado dicho. Se exige que la tasación de la vivienda sea realizada por una sociedad de tasación y que el inmueble se encuentre asegurado contra daños. El importe del crédito, y, por tanto, la cuantía a percibir, dependerá del precio de mercado de la vivienda, de la edad de la persona que suscriba la hipoteca y de la forma de percepción (capital único, renta temporal o renta vitalicia).

Una vez fallecido el deudor hipotecario o el último beneficiarios corresponde a los herederos liquidar la situación con la entidad de crédito. Podrán optar por recuperar la vivienda cancelando el crédito hipotecario, para lo cual deberán satisfacer a la entidad de crédito la totalidad de los débitos vencidos más los intereses, sin que la entidad pueda en estos casos exigir ninguna compensación por la cancelación de la hipoteca. En el supuesto de que los herederos no quieran, o no puedan, cancelar el crédito hipotecario, la entidad de crédito podrá ejecutar la hipoteca y resarcirse así de los débitos vencidos, con sus intereses, teniendo en cuenta que en este caso la hipoteca responde a los intereses aun cuando éstos se hallan generado en un plazo superior a cinco años. No obstante, la entidad sólo podrá obtener el recobro hasta donde alcancen los bienes de la herencia, sin que la entidad financiera pueda ejecutar el cobro con otro patrimonio personal de los herederos.

C) REGULACION: En España la hipoteca inversa se encuentra regulada por la ley 41/07, de 7 de diciembre, en su Disposición Adicional Primera, modificada por el art. 5 de la Ley 1/2013 de 14 de mayo.

D) PROTECCION DE LOS CONSUMIDORES: Conviene recordar que la protección de los consumidores, de sus intereses y deseos y de su seguridad es uno de los elementos esenciales del objetivo global de la unión europea, en cuanto mejora la calidad de vida de todos los europeos. Por eso la Unión Europea hace todo lo posible para garantizar que, independientemente de lo que decida comprar el consumidor y del lugar en que se encuentre en la unión europea, quede amparado por los principios básicos fundamentales de la protección de los consumidores. Estos principios aluden a los derechos mínimos en materia de protección de los consumidores que deben existir en todos los países de la unión. Principios fundamentales uno de los cuales es el de que no debe inducirse a engaño a los consumidores. Esta protección se refleja en el artículo 53 del Tratado Europeo, así como en numerosas Directivas en materia de protección de los consumidores, como la 85/577, para los contratos negociados fueron los establecimientos comerciales, o la 93/13, sobre las cláusulas abusivas en los contratos celebrados con consumidores, o la del 13 de junio de 1990 sobre viajes combinados, etc. 

En ese sentido en el TJCE, Sala 1ª, S.4-10-2007, resolvió en sentido afirmativo entre otras cuestiones la relativa a si deben interpretarse los artículos 11 y 14 de la Directiva 87/102 CEE en el sentido de que permiten al juez aplicar las normas de vinculación entre el contrato de crédito y el contrato de suministro de bienes o de servicios financiado a través de dicho crédito, cuando en el contrato de crédito no se indica el bien financiado o cuando dicho contrato ha sido concluido en forma de una apertura de crédito sin mención del bien financiado, y asimismo manifestó que el tribunal de justicia ha declarado en repetidas ocasiones que según se desprende de los considerandos de su exposición de motivos la Directiva 87/102 fue adoptada con la doble finalidad de garantizar por una parte la creación del mercado común del crédito al consumo, y, por otra, la de proteger a los consumidores que contraigan citados créditos como financiación, hasta el punto de permitir que el tribunal nacional aprecie de oficio las cláusulas abusivas contenidas en los contratos celebrados con los consumidores.

Asimismo, con relación a la información que el banco ha de transmitir al cliente respecto a los productos y servicios que ofrece, hemos de indicar que el derecho a la información en el sistema bancario y la tutela de la transparencia bancaria es básica para el funcionamiento del mercado de servicios bancarios y su finalidad tanto es lograr la eficiencia del sistema bancario como tutelar a los sujetos que intervienen en él (el cliente bancario), principalmente, a través tanto de la información precontractual, en la fase previa a la conclusión del contrato, como en la fase contractual, mediante la documentación contractual exigible. En ese sentido es obligada la cita del artículo 48.2 de la L.D.I.E.C. 26/1988 de 29 de julio y su desarrollo.

Naturalmente, a la entidad bancaria no les exigible un deber de fidelidad al actor, como cliente, anteponiendo el interés de éste al suyo o haciendo lo propio. Tratándose de un contrato sinalagmático, regido por el intercambio de prestaciones de pago, cada parte velará por el suyo propio, pero eso no quita para que pueda y deba exigirse a la entidad bancaria un deber de lealtad hacia su cliente, conforme a la buena fe contractual (artículo 7 CC), singularmente en cuanto a la información precontractual, necesaria para que el cliente bancario pueda decidir sobre la percepción del contrato con adecuado y suficiente conocimiento de causa. De lo contrario, se estaría desinformando e induciendo a error al cliente.

Es cierto que según la jurisprudencia el error para que sea invalidante ha de ser, además de esencial, excusable, según se deduce de los requisitos de autor responsabilidad y buena fe, este último consagrado en el artículo 7 del Código Civil. El error es excusable cuando pudo ser evitado empleando una diligencia media o regular, pero esa diligencia, sigue señalando la jurisprudencia, ha de apreciarse valorando las circunstancias de toda índole que concurran en el caso, incluso las personales, y no sólo las de quien ha padecido el error, sino también las del otro contratante, pues la función básica del requisito de la excusabilidad es impedir que el ordenamiento proteja a quien ha padecido el error cuando éste no merece esa protección por su conducta negligente, trasladando entonces la protección a la otra parte contratante, que la merece por la confianza difundida en la declaración (SSTS, entre otras de 4 de enero de 1982, 6 de febrero de 1998, 30 de septiembre de 1900 99, 26 de julio y 20 de diciembre de 2000, 12 de julio de 2002, 24 de enero de 2003 y 17 de febrero de 2005).

No debemos olvidar que existe, sin duda, un principio ético que impregna todo contrato desde su nacimiento hasta su conclusión, es el principio de confianza o buena fe, la cual es la base inspiradora de todo derecho y debe serlo, por ende, del comportamiento de las partes en todas sus relaciones y en todos los actos y procesos en que intervenga.

E) SUPUESTO DE HECHO: Pues bien, dicho principio de confianza o buena fe sin duda en el presente caso se ha vulnerado por la demandada al ofertar a la causante de la demandante un contrato como el que fue objeto de juicio en la  sentencia de la Audiencia Provincial de Salamanca, Sec. 1ª, de 11 de octubre de 2012, nº 535/2012, rec. 643/2011. En efecto, no podemos olvidar que dicha causante contratante era una anciana de 87 años, con un importante problema de discapacidad sensorial, como se establece en la resolución de la junta de Castilla y León, donde se le reconoció a la misma un grado de minusvalía por discapacidad física y sensorial del 94%, con una grave enfermedad neurológica, como consecuencia del padecimiento de un tumor cerebral con grandes limitaciones neurológicas, hasta el punto de que incluso necesitaba la ayuda de una tercera persona.

La combinación de los contratos firmados por la misma, objeto del presente juicio, hipoteca invertida sobre la vivienda de su propiedad, en virtud de la cual la citada señora recibía 200.000 Eur. en concepto de préstamo hipotecario, y un contrato de seguro de dicho préstamo hipotecario invertido, en virtud del cual se le pagaba a dicha señora una renta anual, que cobraba por meses hasta el momento en que se produjese su fallecimiento, ha determinado que la citada señora cobrara la cantidad de 66.000 euros del total del préstamo hipotecario, de manera que, en virtud de ambos contratos combinados firmados por citada señora, sus herederos ahora o bien devuelven el préstamo, o bien el banco se queda con la vivienda.

En el documento obrante al folio 71 de los autos, titulado "nota informativa hipoteca inversa ", cuando se definen las garantías y opciones ofrecidas, se habla de renta vitalicia pura, renta temporal pura, renta vitalicia con garantía, renta temporal con garantía, renta vitalicia reversible y renta temporal reversible. Por el contrario en el contrato de hipoteca inversa y la correspondiente solicitud de seguro que firmó la citada señora, bajo el epígrafe modalidad de renta, se hizo constar vitalicia, sin reversión, constante y sin garantía. Nada que ver, por lo tanto, con la nota informativa de hipoteca inversa previamente entregada. Si a ello añadimos que tratándose de una persona con los serios problemas sensoriales y con la enfermedad tan grave como los padecidos por dicha señora, pese a que el médico que ha declarado en autos haya manifestado que era capaz para la realización de los actos de la vida y que era una persona culta con la que se podía hablar; pese a todo ello, no cabe sino concluir que tratándose de una persona con esos problemas sensoriales, debió el banco haber acreditado suficiente e indubitablemente en autos que la información recibida por tal señora fue todo lo más completa posible, así como que tal información había sido perfectamente comprendida por la misma. Cuestiones de hecho que aquí desde luego nadie ha probado, hasta el punto de que la nota informativa del citado folio 71, ni siquiera mencionaba la modalidad de renta que luego fue la que se contrató, puesto que lo que se contrató como modalidad de renta a la postre significó una renuncia a las garantías y opciones previamente ofrecidas. Todo ello por lo demás en una persona cuya esperanza de vida por razones estadísticas y por su enfermedad era desde luego bajísima, ya que tenía 87 años y un tumor cerebral. De hecho falleció a los dos años y 5 meses de la celebración del contrato de autos.

La consecuencia de todo ello fue que a la postre el banco resultó totalmente beneficiado y la demandante totalmente defraudada en sus expectativas a contratar un seguro para el préstamo hipotecario a fin de que sus herederos recibiesen la finca hipotecada, nada de lo cual ha sucedido.

Ante estas circunstancias, fundamentalmente las de la propia contratante que, como señala la doctrina jurisprudencial antes citada, deben ser también tenidas en cuenta, y máxime en supuestos como el presente, donde, no se olvide, se trata de una persona a 87 años a la que las autoridades administrativas tenían reconocido un grado de minusvalía de nada menos que del 94%, no cabe sino concluir que el presente contrato es nulo por error en el consentimiento al haber ofertado el banco un contrato de hipoteca invertida combinado con un contrato de seguro de muchas mejores condiciones que el que luego finalmente fue contratado por la causante de la actora, contrató totalmente perjudicial para sus intereses dada sus especiales circunstancias personales. No se olvide en este sentido que el propio artículo 1304 del código civil señala que cuando la nulidad proceda de la incapacidad de uno de los contratantes, no está obligado el incapaz a restituir, sino en cuanto se enriqueció con la cosa o precio que recibiera. Pudiendo afirmarse sobre la base de dicho precepto legal y de la jurisprudencia sobre el error antes citada que sin duda alguna tratándose de contratos con consumidores de las características del de autos, una anciana de 87 años con un tumor cerebral por cuya razón las autoridades administrativas le reconocieron una minusvalía por discapacidad física y sensorial del 94%, sólo cabe admitirle como contrato válido en tanto en cuanto beneficie a dicha persona, y no, como en el presente caso, cuando ha supuesto un negocio y además indudablemente redondo para la entidad demandada, dadas la enfermedad y la escasa esperanza de vida por su edad y por su enfermedad de la contratante.

F) PAGO DE LOS GASTOS DE LAS HIPOTECAS INVERSAS:  A las hipotecas inversas se les puede aplicar la Sentencia de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo de 23 de diciembre de 2015 (nº 705/2015) que establece que son nulas las cláusulas que obligan a los particulares a abonar los gastos de formalización tanto de éstas como de cualquier otra hipoteca. 

Estos gastos de constitución de la hipoteca inversa, “se corresponden con los vinculados a notaría, registro, gestoría, tasación y sobre todo el impuesto de actos jurídicos documentados. Su reclamación no prescribe (aunque la hipoteca esté cancelada) y, según esta sentencia, deben atribuirse al prestamista, es decir, a las entidades financieras.

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Concepto requisitos y regulación legal de las hipotecas inversas.


A) CONCEPTO Y REQUISITOS DE LA HIPOTECA INVERSA: La denominada "hipoteca inversa", es una  figura inexistente en nuestra legislación tradicional y que procede de la adaptación de dos figuras de gran arraigo en el derecho anglosajón como son la "Life mortgage" inglesa y la "reverse mortgage" americana, y es una operación financiera especialmente diseñada para mayores de 65 años y personas dependientes, con la que se posibilita convertir a dinero el valor patrimonial que representa la propiedad de su vivienda, sin perder la titularidad.

La hipoteca inversa se define como un préstamo o crédito hipotecario del que el propietario de la vivienda realiza disposiciones, periódicas o en forma de cobro único, hasta un importe máximo determinado por un porcentaje del valor de tasación en el momento de la constitución, y al alcanzarse dicho porcentaje se deja de disponer de la renta aunque la deuda sigue generando intereses. La hipoteca inversa debe ser concedida por una entidad de crédito o una entidad aseguradora y el solicitante y los beneficiarios que éste pueda designar deben ser mayores de 65 años o afectados de dependencia severa o gran dependencia como antes ha quedado dicho. Se exige que la tasación de la vivienda sea realizada por una sociedad de tasación y que el inmueble se encuentre asegurado contra daños. El importe del crédito, y, por tanto, la cuantía a percibir, dependerá del precio de mercado de la vivienda, de la edad de la persona que suscriba la hipoteca y de la forma de percepción (capital único, renta temporal o renta vitalicia).

Una vez fallecido el deudor hipotecario o el último beneficiarios corresponde a los herederos liquidar la situación con la entidad de crédito. Podrán optar por recuperar la vivienda cancelando el crédito hipotecario, para lo cual deberán satisfacer a la entidad de crédito la totalidad de los débitos vencidos más los intereses, sin que la entidad pueda en estos casos exigir ninguna compensación por la cancelación de la hipoteca. En el supuesto de que los herederos no quieran, o no puedan, cancelar el crédito hipotecario, la entidad de crédito podrá ejecutar la hipoteca y resarcirse así de los débitos vencidos, con sus intereses, teniendo en cuenta que en este caso la hipoteca responde a los intereses aun cuando éstos se hallan generado en un plazo superior a cinco años. No obstante, la entidad sólo podrá obtener el recobro hasta donde alcancen los bienes de la herencia, sin que la entidad financiera pueda ejecutar el cobro con otro patrimonio personal de los herederos.

B) REGULACION: En España la hipoteca inversa se encuentra regulada por la ley 41/07, de 7 de diciembre, en su Disposición Adicional Primera, modificada por el art. 5 de la Ley 1/2013 de 14 de mayo.

C) ACCIONES LEGALES: El acreedor hipotecario, titular del derecho real de hipoteca, tiene a su disposición la acción personal contra el deudor para que cumpla su obligación (cfr. el art. 105 LH, conforme al cual " La hipoteca... no alterará la responsabilidad personal ilimitada del deudor que establece el artículo mil novecientos once del Código Civil), y la acción hipotecaria propiamente dicha contra la finca o bienes hipotecados, que podrá ejercitarse, según dispone el art. 129.1 LH, directamente contra los bienes hipotecados sujetando su ejercicio a lo dispuesto en el Título IV del Libro III de la Ley 1/2000, de 7 de enero, de Enjuiciamiento Civil, con las especialidades que se establecen en su Capítulo V, o mediante la venta extrajudicial del bien hipotecado, conforme al art. 1.858 del Código Civil y 129.2 LH, siempre que se hubiera pactado en la escritura de constitución de la hipoteca sólo para el caso de falta de pago del capital o de los intereses de la cantidad garantizada.

No obstante lo dispuesto en el art. 129.1 LH, la acción hipotecaria también puede ejercitarse también a través del proceso declarativo que corresponda según la cuantía y del proceso ejecutivo ordinario con base en el art. 517.2.41º LEC y atendiendo a las especialidades previstas en los arts. 126 y 127 LH.

La acción hipotecaria directa contra los bienes hipotecados aparece contemplada en el art. 681.1 LEC, que establece que la acción para exigir el pago de deudas garantizadas por prenda o hipoteca podrá ejercitarse directamente contra los bienes pignorados o hipotecados, sujetando su ejercicio a lo dispuesto en este título, con las especialidades que se establecen en el presente capítulo. Y el art. 682.1 LEC añade que " Las normas del presente Capítulo sólo serán aplicables cuando la ejecución se dirija exclusivamente contra bienes pignorados o hipotecados en garantía de la deuda por la que se proceda”.

D) A la hipoteca inversa no le es de aplicación lo dispuesto en el art. 693.2 de la LEC, que establece: “Podrá reclamarse la totalidad de lo adeudado por capital y por intereses si se hubiese convenido el vencimiento total en caso de falta de pago de, al menos, tres plazos mensuales sin cumplir el deudor su obligación de pago o un número de cuotas tal que suponga que el deudor ha incumplido su obligación por un plazo, al menos, equivalente a tres meses, y este convenio constase en la escritura de constitución y en el asiento respectivo”. Dicho precepto es de aplicación a las deudas a plazo, cuyo vencimiento anticipado deberá cumplir las exigencias establecidas en dicho precepto. 

En el caso que nos ocupa, en la hipoteca inversa no estamos en presencia de una deuda a plazos. La demandante recibió un crédito en cuenta corriente con garantía hipotecaria, conocido como hipoteca inversa, por un importe límite de 79.343 euros, crédito del que la acreditada dispuso mensualmente con arreglo a su criterio y a las condiciones pactadas y con un vencimiento final fijado para el día 30 de noviembre de 2018. En la escritura pública se pactó el vencimiento anticipado para caso de fallecimiento de la acreditada. A partir de este momento, acaecido en el presente caso el día 3 de enero de 2009, surgió la deuda, esto es, la obligación de devolver el crédito dispuesto por la acreditada con sus intereses, deuda no sometida a plazo alguno para su devolución. Por ello, no es de aplicación a la hipoteca inversa lo dispuesto en el art. 693.2 de la LEC. (AUTO de la Audiencia Provincial de Cádiz, Sección 8ª, de 7 de junio de 2016, nº 167/2016, recurso nº 77/2016).


E) PAGO DE LOS GASTOS DE LAS HIPOTECAS INVERSAS: A las hipotecas inversas se les puede aplicar la Sentencia de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo de 23 de diciembre de 2015 (nº 705/2015) que establece que son nulas las cláusulas que obligan a los particulares a abonar los gastos de formalización tanto de éstas como de cualquier otra hipoteca. 

Estos gastos de constitución de la hipoteca inversa, “se corresponden con los vinculados a notaría, registro, gestoría, tasación y sobre todo el impuesto de actos jurídicos documentados. Su reclamación no prescribe (aunque la hipoteca esté cancelada) y, según esta sentencia, deben atribuirse al prestamista, es decir, a las entidades financieras.

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domingo, 18 de diciembre de 2016

Reclamamos todos los gastos comisiones tributos e impuestos pagados al banco tras firmar una escritura de compraventa de inmueble con garantía hipotecaria



En Gonzalez Torres Abogados SL, nos encargamos de recuperar para nuestros clientes, todos los gastos de otorgamiento de una escritura de hipoteca si el banco los ha cargado a la cuenta del cliente (gastos preparatorios, comisiones, gastos notariales, registrales e impuestos), en base a la solicitud de nulidad de dichas clausulas.

Todo ello en base a la sentencia de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo nº 705/2015 de 23 de diciembre de 2015, que declaró abusiva las cláusulas en la que el banco Popular y el BBVA imponen al prestatario el pago de todos los gastos, tributos y comisiones derivados del préstamo hipotecario, y cuyo texto es el siguiente:

“Son de cuenta exclusiva de la parte prestataria todos los tributos, comisiones y gastos ocasionados por la preparación, formalización, subsanación, tramitación de escrituras, modificación (incluyendo división, segregación o cualquier cambio que suponga alteración de la garantía) y ejecución de este contrato, y por los pagos y reintegros derivados del mismo, así como por la constitución, conservación y cancelación de su garantía, siendo igualmente a su cargo las primas y demás gastos correspondientes al seguro de daños, que la parte prestataria se obliga a tener vigente”.

Y porque esas prácticas bancarias, contravienes normas que en determinados aspectos tienen carácter imperativo, como el artículo artículo 89.3.c) TRLGCU, que considera como abusiva la estipulación que imponga al consumidor el pago de tributos en los que el sujeto pasivo es el empresario, la declaración de nulidad es plenamente ajustada a derecho.

Dice el art. 89 de la Real Decreto Legislativo 1/2007, de 16 de noviembre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y otras leyes complementarias, referente a las cláusulas abusivas que afectan al perfeccionamiento y ejecución del contrato:

En todo caso tienen la consideración de cláusulas abusivas:

1. Las declaraciones de recepción o conformidad sobre hechos ficticios, y las declaraciones de adhesión del consumidor y usuario a cláusulas de las cuales no ha tenido la oportunidad de tomar conocimiento real antes de la celebración del contrato.

2. La transmisión al consumidor y usuario de las consecuencias económicas de errores administrativos o de gestión que no le sean imputables.

3. La imposición al consumidor de los gastos de documentación y tramitación que por ley corresponda al empresario. En particular, en la compraventa de viviendas:

a) La estipulación de que el consumidor ha de cargar con los gastos derivados de la preparación de la titulación que por su naturaleza correspondan al empresario (obra nueva, propiedad horizontal, hipotecas para financiar su construcción o su división y cancelación).

b) La estipulación que obligue al consumidor a subrogarse en la hipoteca del empresario o imponga penalizaciones en los supuestos de no subrogación.

c) La estipulación que imponga al consumidor el pago de tributos en los que el sujeto pasivo es el empresario.

d) La estipulación que imponga al consumidor los gastos derivados del establecimiento de los accesos a los suministros generales de la vivienda, cuando ésta deba ser entregada en condiciones de habitabilidad.

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domingo, 11 de diciembre de 2016

Las cláusulas limitativas de los derechos del asegurado en los contratos de seguro en caso de conducir bajo la influencia de las bebidas alcohólicas, para su validez es necesario que esten redactadas tanto de forma clara y destacada como que sea expresamente aceptada por el tomador del seguro


A) La sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona, sec. 13ª,  de 27 de septiembre de 2016, nº 421/2016, rec. 553/2015, declara que en los seguros  voluntario del automóvil,  es válida aquella cláusula que excluye la cobertura de los daños propios en caso de conducción bajo las bebidas alcohólicas cuando la misma está redactada de forma clara en su comprensión.

B) Es doctrina jurisprudencial constante y reiterada del Tribunal Supremo (por todas Sentencia del TS 10.3.2010) que "los artículos 1281 al 1289 del Código civil son un cuerpo subordinado y complementario de criterios de interpretación contractual, de tal manera que si los términos literales del contrato no dejan lugar a dudas sobre la intención de las partes, no cabe que entren en juego los restantes criterios subordinados al primero; así lo ha declarado la STS de 4 de julio de 2007 :"la doctrina jurisprudencial más general ha señalado que las normas o reglas de interpretación contenidas en los artículos 1281 a 1289 del Código Civil, constituyen un conjunto o cuerpo subordinado y complementario entre sí, de las cuales, tiene rango preferencial y prioritario la correspondiente al párrafo primero del artículo 1287 del CC, de tal manera que si la claridad de los términos de un contrato no dejan duda sobre la intención de las partes, no cabe la posibilidad de que entren en juego las restantes reglas de los artículos siguientes, que vienen a funcionar con carácter subsidiario, respecto a la que preconiza la interpretación literal"; en el mismo sentido, se manifiestan las SSTS de 13 de diciembre de 2001 y 23 de enero de 2003, entre otras muchas".

En concreto, y en relación a un contrato de seguro, la Sentencia del TS 19.7.2016) afirma que "El artículo 1288 CC establece un canon hermenéutico contra proferentem como sanción por falta de claridad para proteger al contratante más débil (SSTS de 21 de abril de 1998, 10 de enero de 2006 y 5 de marzo de 2007), ordenando que «en caso de duda sobre el sentido de una cláusula prevalecerá la interpretación más favorable para el consumidor». Pero esta regla de interpretación sólo entra en juego cuando exista una cláusula oscura o sea oscuro todo el contrato, pues, ante esa falta de claridad y de transparencia, con la consiguiente imposibilidad de conocer la voluntad común, se ha de proteger al contratante que no causó la confusión".

C) La sentencia de la Audiencia Provincial de Pontevedra, sec. 6ª,  de 26 de septiembre de 2016, nº 482/2016, rec. 685/2015,  en un supuesto del seguro de automóvil, determina que es una cláusula limitativa de los derechos del asegurado, la que fija que la aseguradora queda exonerada de su obligación de pago de la indemnización reclamada en caso de conducir bajo la influencia de las bebidas alcohólicas. Para su validez es necesario que este redactada de forma clara y destacada como que sea expresamente aceptada por el tomador del seguro.

D) CLAUSULAS LIMITATIVAS DE DERECHOS:  De  acuerdo con las Sentencias del TS de 15 de julio y 12 de noviembre de 2009 y especialmente la del Pleno de 11 de septiembre 2006, entre otras, hay que recordar la doctrina que distingue entre cláusulas limitativas de derechos y delimitadoras del riesgo, la cual establece que delimitadoras del riesgo son las cláusulas que tienen por finalidad concretar el riesgo, esto es, el objeto del contrato, fijando que riesgos, en caso de producirse, por constituir el objeto del seguro, hacen surgir en el asegurado el derecho a la prestación, y en la aseguradora el recíproco deber de atenderla, determinando pues qué riesgo se cubre, en qué cuantía, durante qué plazo y en qué ámbito espacial, tratándose de cláusulas susceptibles de ser incluidas en las condiciones generales y respecto de las cuales basta con que conste su aceptación por parte de dicho asegurado, mientras que limitativas de derechos son las que, en palabras de la Sentencia del TS de 16 de octubre de 2000, operan para "restringir, condicionar o modificar el derecho del asegurado a la indemnización una vez que el riesgo objeto del seguro se ha producido", las cuales, afirma la STS de 15 de julio de 2009 están sujetas, en orden a su validez y como expresión de un principio de transparencia legalmente impuesto, a los requisitos de que: a) han ser destacadas de modo especial; y b) ser específicamente aceptadas por escrito (art. 3 LCS).

Así pues, por tratarse de una cláusula limitativa, sólo podría ser válida, eficaz y oponible si consta como hecho probado que en el momento de perfeccionamiento del contrato de seguro la controvertida cláusula fue realmente conocida y aceptada en la forma prevista en el art. 3 LCS, pues la validez de la cláusula limitativa exige, no solo que cumpla el principio de transparencia, es decir que aparezca redactada "de forma clara y precisa" y que se encuentre destacada, por ejemplo en negrilla, cosa que no ocurre, sino que, además, sean aceptadas expresamente y por escrito las restricciones o limitaciones de su contenido, no bastando, por tanto, ni siquiera el conocimiento de las cláusulas limitativas, sino que es preciso, como requisito para que resulten vinculantes "que hayan sido expresamente aceptadas por escrito", supuesto que no se da en el caso de autos, pues es manifiesto que la póliza aportada por la demandada carece absolutamente de firma.

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sábado, 10 de diciembre de 2016

El Tribunal Supremo permite que los administradores concursales acuerden la resolución de los contratos de alquiler de renta antigua cuando redunde en interés del concurso y la empresa arrendadora


A) La sentencia del Tribunal Supremo de 10 de noviembre de 2016, nº 660/2016, rec. 2694/2014, permite que los administradores concursales resuelvan contratos de alquiler del arrendador en concurso, aunque estén sujetos a la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1964. Estos contratos de arrendamiento, firmados antes de la reforma de 1985 y conocidos como rentas antiguas, se prorrogan de manera obligatoria para el arrendador, siempre que así sea la voluntad del arrendatario.

Sin embargo, el TS establece que la resolución de estos alquileres es una pieza de interés del concurso, según prevé la Ley Concursal 22/2003, de 9 de julio (LC). De este modo, y para asegurar la viabilidad de la empresa concursada, exige que se termine con los arrendamientos sujetos a la antigua ley.

La sentencia del Tribunal Supremo de 10 de noviembre de 2016, determina que es posible la resolución del contrato de arrendamiento de local de negocio, contrato de tracto sucesivo pendiente de cumplimiento por ambas partes, sujeto al sistema de prórroga forzosa siempre y cuando redunde en interés del concurso. Por interés del concurso se refiere a lo que mejor convenga, que es la satisfacción de los créditos y la continuación de la actividad empresarial del arrendador y deudor concursado. Ante la resolución del contrato, el arrendatario tiene derecho a ser indemnizado por los daños y perjuicios ocasionados.

B) Régimen legal de la resolución del contrato en interés del concurso. Con carácter general, el párrafo primero del art. 61.2 LC prescribe que «la declaración de concurso, por sí sola, no afectará a la vigencia de los contratos con obligaciones recíprocas pendientes de cumplimiento tanto a cargo del concursado como de la otra parte». Y, excepcionalmente, el párrafo segundo permite que a instancia del concursado o de la administración concursal, según se haya acordado la intervención o la suspensión de las facultades patrimoniales del deudor concursado, el juez pueda acordar la resolución del contrato al que se refiere el párrafo anterior.

Esta resolución en interés del concurso no se articula como un derecho dispositivo atribuido por la ley a una de las partes, en concreto de quien represente a la masa del concurso (el concursado o la administración concursal), sino como una decisión judicial en ausencia de acuerdo entre las partes. Acuerdo entre las partes que se refiere tanto a la resolución como a sus consecuencias o efectos, que según la Ley son la liquidación de la relación contractual y la indemnización de los daños y perjuicios que la resolución hubiera podido ocasionar a la parte in bonis, que deberá satisfacerse con cargo a la masa.

1º) El art. 61.2.II LC no establece ninguna excepción a la aplicación de esta resolución en interés del concurso, sin que, por otra parte, el contrato litigioso siga tutelado por un régimen legal tuitivo que lo impida.

Es cierto que cuando se concertó, en 1983, el contrato de arrendamiento de local de negocio, sobre el local sito en el edificio de la Puerta del Sol núm. 9, estaba sujeto a un régimen de prórroga forzosa por ser anterior al Real Decreto Ley 2/1985. Este régimen podía calificarse de especialmente tuitivo de los derechos del arrendatario.

Sin embargo, la situación cambió con la Ley 29/1994, de 24 de noviembre, de Arrendamientos Urbanos, que acabó con el régimen de prórroga forzosa, sin perjuicio del régimen transitorio respecto de la actualización de rentas y la duración de los contratos. En concreto, y por lo que ahora interesa, en el caso de los contratos de arrendamiento de local de negocio concertados con personas jurídicas, como arrendatarias, el apartado 4 de la disposición transitoria 3ª de la reseñada Ley estableció, en el mejor de los casos, un plazo máximo de 20 años a contar desde la entrada en vigor de la Ley, que se cumplió el 31 de diciembre de 2014.

No se discute ahora la concreta duración de este contrato, sino si estaba sujeto a una normativa especialmente tuitiva que justificara su exclusión del régimen previsto en el art. 61.2 LC. A estos efectos, hemos de concluir que si bien este contrato cuando se constituyó estaba sujeto a un régimen especialmente tuitivo, este régimen cambió con la Ley 29/1994, de 24 de noviembre, sin perjuicio de que para compensar a los arrendatarios se les reconociera un especial régimen transitorio.

De este modo no cabía excluir el contrato litigioso de la posibilidad de que se acordara judicialmente la resolución en interés del concurso del arrendador.

Los derechos reconocidos por la ley al arrendatario en las disposiciones transitorias, y en concreto el relativo a continuar durante el tiempo que le corresponda, pueden ser tenidos en cuenta para evaluar los daños y perjuicios que la resolución anticipada le puede reportar, y que deberían ser compensados económicamente con cargo a la masa.

No existe, como argumenta la Audiencia, un ejercicio abusivo o antisocial del derecho, ni tampoco es contrario a la buena fe, sin perjuicio de que la valoración del interés del concurso tenga que tener en cuenta la contrapartida que puede conllevar la compensación del perjuicio que la resolución puede reportar al arrendatario, como veremos a continuación.

2º) No existe duda de que el contrato que tanto la administración concursal como la concursada (titular del inmueble arrendado) pretenden que se resuelva en interés del concurso, al amparo del precepto invocado (art. 61.2.II LC), es un contrato de tracto sucesivo, un arrendamiento de local de negocio, que estaba pendiente de cumplimiento por ambas partes, por la concursada, que era la arrendadora, y por la arrendataria (parte in bonis). Con ello se cumple el presupuesto legal para que pueda proponerse la resolución en interés del concurso, sin perjuicio de la valoración que el tribunal haga de su procedencia.

3º) En síntesis, el interés invocado en la solicitud de resolución dirigida al juzgado se apoyaba en dos circunstancias. La primera que el contrato de arrendamiento de local de negocio, como consecuencia de haberse constituido bajo un régimen de renta antigua y prórroga forzosa, a pesar de la actualización de las rentas impuesta por la LAU de 1994, generaba una renta mensual desproporcionadamente inferior a la que se viene cobrando en locales de características similares, en aquella zona (la Puerta del Sol de Madrid). En concreto, se afirmaba que la renta mensual actualizada era de 4.860,48 euros, cuando el alquiler de un local de similares características (ubicación y superficie), sito en las cercanías de la Puerta del Sol, podría comportar la obligación de pago de una renta mensual de 48.689,33 euros.

La segunda circunstancia que este contrato de arrendamiento impedía el desarrollo de un proyecto de rehabilitación del edificio, mediante la unificación de toda la planta (donde se halla el local objeto de litigio), que permitiría incrementar el rendimiento de su explotación.

4º) «El interés del concurso» es un parámetro fijado por la ley para que el tribunal pueda apreciar, en cada caso, sobre la procedencia de la resolución de un contrato de estas características.

Es cierto que «el interés del concurso» se refiere a lo que mejor convenga a la finalidad perseguida con el concurso de acreedores, que es la satisfacción de los créditos y la continuación de la actividad empresarial del deudor concursado. Este interés legitima que el juez autorice al concursado a que se desligue de la relación contractual. Pero, al mismo tiempo, ello no supone que se obvien los derechos de la contraparte, pues el precepto expresamente prevé, como un efecto de la resolución, que además de la liquidación de la relación contractual, se pueda acordar con cargo a la masa la indemnización de los daños y perjuicios que para la parte in bonis pueda representar la resolución.

En la sentencia 189/2016, de 18 de marzo, el Tribunal Supremo afirmaba que la indemnización de daños y perjuicios no es una consecuencia necesaria e ineludible de la resolución del contrato en cuestión, sino que en cada caso debe apreciarse si han existido los daños y perjuicios, y la cuantificación de la indemnización:

«La dicción literal del precepto muestra que la indemnización de los daños y perjuicios con cargo a la masa no es una consecuencia necesaria e ineludible de la resolución del contrato por convenir al interés del concurso. Es necesario realizar un enjuiciamiento tanto fáctico como jurídico, esto es, es necesario valorar si aplicando la regulación contractual establecida en el contrato a las circunstancias fácticas concurrentes, la resolución que resulta del régimen excepcional contenido en el art. 61.2 de la Ley Concursal determina la procedencia de indemnizar daños y perjuicios, y si efectivamente tales daños y perjuicios se han producido».

Como esta indemnización está anudada a la eventual resolución del contrato, nada impide que podamos tener en consideración esta previsión legal, que reconoce el derecho de la parte in bonis a percibir la indemnización de los daños y perjuicios que la resolución le pudiera reportar, a la hora de sopesar la existencia del «interés del concurso».

La previsión de la eventual indemnización para la parte in bonis, que tiene como presupuesto que la resolución le haya reportado daños y perjuicios, pone en evidencia que el interés del concurso puede legitimar la resolución del contrato, pero no puede obviar el perjuicio que esta resolución puede reportar a la contraparte, que se traduce en una indemnización con cargo a la masa.

A este respecto, en relación con la primera circunstancia alegada para justificar el interés del concurso, existe una correlación entre el incremento que por rentas podría tener la arrendadora si se resuelve anticipadamente el contrato, con el perjuicio que esta resolución anticipada le reportaría al arrendatario, que tendría que pagar una renta mayor a la que viene pagando, durante el tiempo en que, si no fuera por la resolución anticipada, estaría vigente el contrato.

Por ello, propiamente, por esta primera circunstancia no existe interés del concurso, pues el incremento de rentas que se supone que se alcanzaría con la resolución del contrato (la diferencia entre la renta que cobra del arrendatario actual y lo que podría cobrar según el mercado) es equivalente con el perjuicio que la resolución anticipada le reportaría al arrendatario (la diferencia entre la renta que paga y la que debería de pagar para mantenerse en un local de esas características en esa zona). Dicho de otro modo, de forma estimativa, la evaluación económica del beneficio que se piensa obtener con la resolución coincidiría con el perjuicio que la resolución ocasionaría al arrendatario, que debería ser indemnizado con cargo a la masa.

5º) Cuestión distinta es la segunda circunstancia. Se aduce que existe un proyecto para modificar la distribución de locales del inmueble, que permitiría la unión de espacios, lo que conllevaría una revalorización del espacio destinado a local, y por ello generaría un incremento de las rentas que podrían cobrarse.

Esta segunda circunstancia sí que apunta a un beneficio suplementario, que no se corresponde con un correlativo y equivalente (desde el punto de vista de su evaluación económica) perjuicio para el arrendatario. Si la resolución del contrato permite llevar a cabo una operación de transformación interior del inmueble que revalorizaría su explotación arrendaticia, existe interés del concurso porque redundará en un incremento de la masa activa.

6º) Por ello, procede, por tanto, la estimación en parte del recurso de apelación. Declaramos la procedencia de la resolución del contrato en interés del concurso, para el caso en que no estuviera ya resuelto por expiración del término (legal, previsto en la reseñada disposición transitoria de la LAU 1994) y la arrendadora siguiera interesada en hacer efectiva la resolución. Y reconocemos, en caso de que se haga efectiva la resolución anticipada, el derecho de la arrendataria a ser indemnizada, con cargo a la masa o de quien se hubiera subrogado en el contrato de arrendamiento, de los perjuicios derivados de la resolución anticipada del contrato de arrendamiento.

7º) El importe de esta indemnización se fijará en ejecución de sentencia, a partir de las siguientes bases: la diferencia entre el importe de la última renta mensual actualizada (4.860,48 euros) y la que el arrendador manifiesta que se paga en un local de esas características y ubicación (48.689,33 euros); por los meses que todavía restaran entre la resolución anticipada -si llega a haberla- y el término que conforme a las normas transitorias de la LAU 1994 correspondiera a este contrato para continuar con el régimen anterior de prórroga forzosa.

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martes, 6 de diciembre de 2016

El Estatuto de los Trabajadores presume que la contratación de familiares por un trabajador autónomo no es una relación laboral con derecho a la prestación de desempleo



A) Aunque legalmente se puede contratar a un familiar, la legislación laboral presume que no es una relación laboral, con las consecuencias legales que ello implica.

El artículo 1.1 del Real Decreto Legislativo 2/2015, de 23 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores, establece que: “Esta ley será de aplicación a los trabajadores que voluntariamente presten sus servicios retribuidos por cuenta ajena y dentro del ámbito de organización y dirección de otra persona, física o jurídica, denominada empleador o empresario”.

El artículo 1.1 del Estatuto de los Trabajadores (ET) delimita la relación laboral desde el punto de vista positivo calificando así la prestación de servicios cuando concurren, además de la voluntariedad, tres notas que también han sido puestas reiteradamente de manifiesto por la jurisprudencia (entre otras muchas la Sentencia de Tribunal Supremo de 16 de Julio de 2002). Estas notas son «la ajenidad en los resultados, la dependencia en su realización y la retribución de los servicios». Además, el precepto 8.1 de aquél texto normativo establece la presunción iuris tantum de laboralidad entre aquel que presta un servicio retribuido y quien lo recibe.

Y su artículo 1.3.e) del ET declara que: “Se excluyen del ámbito regulado por esta ley: Los trabajos familiares, salvo que se demuestre la condición de asalariados de quienes los llevan a cabo. Se considerarán familiares, a estos efectos, siempre que convivan con el empresario, el cónyuge, los descendientes, ascendientes y demás parientes por consanguinidad o afinidad, hasta el segundo grado inclusive y, en su caso, por adopción”.

La exclusión del trabajo familiar en el sentido del citado artículo 1.3 e) del ET no es, a la vista de la redacción del precepto estatutario, una excepción propiamente dicha, sino una mera aclaración o constatación de que en este tipo de prestación de trabajo, falta una de las notas características del trabajo asalariado. Esta nota es la ajeneidad o transmisión a un tercero de los frutos o resultados del trabajo prestado; ajeneidad que no cabe apreciar cuando tales frutos o resultados se destinan a un fondo social o familiar común. Por supuesto, cabe trabajo por cuenta ajena entre parientes que comparten el mismo techo. Pero, si el parentesco es muy próximo y existe convivencia con el empresario, la ley ha establecido una presunción "iuris tantum" a favor del trabajo familiar no asalariado, que se aparta expresamente de la presunción de laboralidad establecida en el precepto 8.1 del Estatuto de los Trabajadores.

B) PRESTACIÓN DE DESEMPLEO: Numerosas son las sentencias que abordan como causa de pedir el ser reconocido como beneficiario de la prestación por desempleo y, para ello, se deben reunir varios requisitos siendo el primero y fundamental ser trabajador por cuenta ajena.

La jurisprudencia de la Sala IV de lo Social del Tribunal Supremo puede sintetizarse los siguientes puntos:
1º) Que ya desde la STS desde la Sentencia de 14 de junio de 1994, aceptando la doctrina del Tribunal Constitucional núm. 79/91 y 2/92, la norma general es que la relación de parentesco del trabajador con el titular de la empresa, no es motivo suficiente para negar la prestación de desempleo ya que ello supondría atentar contra el principio de igualdad reconocido en el art. 14 de la Constitución, añadiendo el Tribunal Supremo.

2º) Que tanto el art. 7º 2 del Texto Refundido de la Ley General de la Seguridad Social (actual artículo 12.1 del Real Decreto Legislativo 8/2015, de 30 de octubre), establece que "a efectos de lo dispuesto en el número anterior no tendrán la consideración de trabajadores por cuenta ajena, salvo prueba en contrario: el cónyuge, los descendientes, ascendientes y demás parientes del empresario, por consanguinidad o afinidad y, en su caso, por adopción hasta el segundo grado inclusive, ocupados en su centro o centros de trabajo, cuando convivan en su hogar y estén a su cargo", como el artículo 1.3. e) del Estatuto de los trabajadores, establecen una presunción iuris tantum de no laboralidad en lo que se refiere a los trabajos familiares , en las relaciones de parentesco que enumera; pero tal presunción, es tan sólo iuris tantum, y por ello, puede ser destruida mediante la pertinente prueba de que el pariente de que se trate lleva a cabo realmente una verdadera prestación de servicios debidamente retribuida.

3º) Que además las sociedades no tienen parientes por lo cual no puede hablarse de pariente de la sociedad, ya que cuando el legislador habla de parientes del empresario está pensando en el empresario persona física.

4º) Que el fraude no se presume y quién lo alega ha de probarlo.

5º) Que si se acredita una real y efectiva prestación de servicios como trabajador por cuenta ajena, resultan intrascendentes el hecho de la convivencia o la posesión de un reducido número de acciones.

C) Pero no hay que olvidar la doctrina del Tribunal Constitucional en sus sentencias 79/1.991, de 15 de abril, y 2/1.992, de 13 de enero, declarando que es contrario al principio de igualdad excluir del ámbito laboral unas relaciones jurídicas por el solo hecho de ser parientes sus titulares, sin embargo para lucrar la prestación por desempleo se requiere que concurran en el trabajador los requisitos de dependencia y ajeneidad regulados en el artículo 1.1 del Estatuto de los Trabajadores, y el artículo 7.2 del Texto Refundido de la Ley General de la Seguridad Social, actual artículo 12.1 del Real Decreto Legislativo 8/2015, de 30 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley General de la Seguridad Social.

D) REGULACIÓN DE LA SEGURIDAD SOCIAL: El artículo 12.1 del Real Decreto Legislativo 8/2015, de 30 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley General de la Seguridad Social, establece que. “A efectos de lo dispuesto en el artículo 7.1, no tendrán la consideración de trabajadores por cuenta ajena, salvo prueba en contrario: el cónyuge, los descendientes, ascendientes y demás parientes del empresario, por consanguinidad o afinidad hasta el segundo grado inclusive y, en su caso, por adopción, ocupados en su centro o centros de trabajo, cuando convivan en su hogar y estén a su cargo”.

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